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Cuando tenía mi propia empresa y trabajaba 12 horas diarias tenía la sensación de que yo no dirigía la empresa. Aunque en mi tarjeta pusiera gerente y firmara los pagarés.

Era como si yo fuera el brazo ejecutor, pero no el director.

Me veía arrastrado por la corriente del día a día y ni siquiera era consciente de ello. Me faltaba la pausa necesaria para tomar buenas decisiones mirando hacia el medio y largo plazo.

¿Has sentido algo parecido?

TODO te deja sin tiempo ni energía: ese cliente al que le cuesta pagar, la máquina que se acaba de romper, el banco que se hace el remolón para renovarte la póliza…

Y sin tiempo para nada, ¿cómo vas a pararte a pensar?

La pregunta no es CÓMO.

La pregunta es ¿POR QUÉ debes hacerlo? Si encuentras el porqué, y eres consciente de su importancia, encontrarás el cómo.

¿POR QUÉ?

Porque sabes que puedes hacer las cosas mucho mejor.

Porque pensar críticamente y analizar es mucho mejor que el “siempre se ha hecho así”.

Porque no te conformas con hacer las cosas como los demás.

Porque sabes que una empresa si no avanza se retrasa. La opción “seguir igual” no existe en el mundo de la empresa aunque muchos lo crean así.

Porque si no cambias la inercia, el futuro te va a arrollar.

Porque la incertidumbre actual genera amenazas, pero también oportunidades para quien sepa leerlas.

Porque quieres estar ahí, en la punta de lanza del pelotón cuando tome la última curva y se luche por la victoria.

Porque no mejorar, pudiendo hacerlo, es pecado capital.

 

Todo el mundo quiere lo mejor para su empresa y, de una forma u otra, piensa en ello. Pero…, ¿se trata de un pensamiento reflexivo, con estructura, hábito y objetivo?, ¿o es un pensamiento nervioso que salta de un tema a otro sin profundizar?

Muchas veces decidimos guiados por la costumbre y la autocomplacencia sin realizar un verdadero análisis que rete nuestras creencias.

¿Tienes la humildad de enfrentarte a lo que crees?

 

Si no se trata de un pensamiento reflexivo, si no tienes ahora mismo escritos los objetivos de tu empresa y un plan para alcanzarlos, entonces, estás procrastinando. Estás dejando que el día a día y la costumbre manejen TU barco. Perdiendo oportunidades, dinero y tiempo.

Puedes poner la excusa que quieras, yo lo hacía (algún día te pasaré mi lista de excusas para reírnos juntos). Pero dirigir el timón siempre es más importante que pegar una palada con el remo o limpiar las cagadas de las gaviotas sobre la cubierta.

¿Por qué no empiezas ya?

Escribe tus reflexiones, tus objetivos, tus planes… Indica la fecha de los mismos, genera un proceso.

Escribir te obliga a reflexionar, marca tu posición e impide que tu mente te haga trampas jugando al solitario en el futuro. Y te permite el seguimiento, la evaluación crítica y la mejora.

 

 

 

 

 

 

 

Fotos profesionales del fotógrafo Javier García Azorín

Haz de ello un HÁBITO. Porque si no lo consolidas como un hábito no pasará de ser una anécdota.

Anota en tu agenda con letras doradas la próxima reunión contigo mismo, no existe otra cita más importante. Determina la periodicidad de estas reuniones. No te conformes con un “cuando tenga tiempo” o “ya lo iré viendo”.

Toma notas para plasmar las ideas y conclusiones que alcances. Hazlo sin trampa ni cartón, sin autojustificación ni excusas. No te vendas nada, siempre escribe con sinceridad y autocrítica. En esa ambición está tu mejora y tu futuro. Constancia.

Escucha a tu equipo, hazlos partícipes del proceso, recaba su opinión crítica. ¡No te conformes solo con tu punto de vista!

Ten la mente abierta, pide opinión a ese amigo empresario o mentor que te contradice cuando así lo siente.

Con todo ello, dale acción. Toma decisiones. Teorizar en el mundo de la empresa no sirve para nada. El pensamiento sin acción solo sirve de coartada para el ego.

Aunque sea escrito a mano en una sola hoja, con manchas de café y tachones. Escribir captura la reflexión y genera compromiso. Ponlo en marcha, no pongas la excusa de la perfección para retrasarlo. Alimenta este proceso, hazlo crecer.

A ese “pararse a pensar”, a analizar para decidir y actuar, se le llama ESTRATEGIA. 
En “LA ESTRATEGIA CERCANA” vamos a hablar de ello y de todo lo que pueda aportarte valor como el PEQUEÑO Y VALIOSO EMPRESARIO que eres.

¡Ánimo, valor y al toro! 

¿TE VIENES?

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Como siempre, TÚ DECIDES.

Por cierto, si quieres ver el vídeo vinculado a este post, lo tienes en mi canal de Youtube, visítalo!

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