¿A dónde vas cuando
cierras los ojos?
Cierro mis ojos. Respiro profundo. Y las voces, las imágenes y las prisas se apagan.
En ese instante, cuando el ruido de la vida parece hablarme en voz baja, identifico en mí una sensación de paz. También, de agradecimiento.
Y es que, desde esa calma, tengo el convencimiento de que estoy en el camino correcto. Lo sé porque siento que la vida no me debe nada.
A mí me suena a madurez: cada vez necesito menos cosas, y disfruto más de cada instante.
Me pasa con el tiempo que saboreo junto a mis hijos, Julia y Marcos, y con mi mujer, Majo. Con ellos a mi lado, siempre me siento en puerto seguro.
También me pasa con un libro entre mis manos. En la oscuridad de una sala de cine. En medio de una partida de ajedrez. Entre el sendero de una montaña. Y en una charla con un buen amigo.
Con cosas así de sencillas, disfruto. Me llenan.
Y en lo laboral, me gusta el entusiasmo que siento cada vez que me embarco en un nuevo proyecto. También la satisfacción personal al darlo todo y ver que ese negocio avanza con mi ayuda.
Pero, sobre todo, me encanta esa cercanía que nace entre personas como tú y como yo. Una cercanía que emerge desde la confianza. Desde la coherencia. Y sin que ninguno de los dos tenga que renunciar a nada.
Cuéntame… A ti, ¿a dónde te llevan tus ojos cuando los cierras?
